De todos los artículos que elaboraba con la intención de estrenar blog y darle trote, va a ser este, hecho a última hora, recién acabada de ver la serie en cuestión, el que estrene blog. Esto va así conmigo. Planeo y trabajo, y al final siempre va todo por el impulso con el que me levante un día.
Y
es que, bueno, Okkupert merece este pequeño honor, pues es una serie cuyos 12
capítulos me he merendado en un santiamén, por mero impulso, pues comencé a
verla solo por tantear, para saber si merecía el esfuerzo de dedicarle
tiempo….y ya no pude acabar hasta terminar la primera temporada. Una serie que
llevaba tiempo en mi lista de pendientes, y de la que puedo decir que agraciado
el día en que llegó a mi conocimiento su existencia.
De que va y porqué me
gusta
En un futuro cercano, la crisis por el petróleo se ha vuelto endémica. El calentamiento global y los problemas del clima y de la ecología son ya una realidad palpable, la conflictiva península arábica ya no provee petróleo, y Estados Unidos, autosuficiente, se ha desentendido de la OTAN y de la Unión Europea. Un presidente de un partido ecologista llega al poder en Noruega, queriendo sustituir sus plataformas petrolíferas (dañadas al parecer por un huracán) por centrales de energía limpia alimentadas con torio. Pero la desamparada Unión Europea, tras hartarse de que el buen e idealista presidente persista en su plan de servir de ejemplo al mundo para propugnar esa solución a los problemas energéticos y ecológicos, se arrodilla ante los rusos, que muy generosos, se ofrecen a ayudar a los noruegos a que restablezcan la producción del oro negro a Europa. El presidente noruego, tras una crisis que deja claro el pastel, acepta la toma rusa de las principales plataformas y restablecer la producción de petróleo, desprovisto de apoyos internacionales, y no queriendo soliviantar a los rusos, bastante dispuesto a obtener lo que buscan de una manera u otra.
Esto
solo en el primer capítulo, que he de decir, me sorprendió gratamente en como
es capaz de condensar todo este trasfondo, y tener tenso al espectador por poder ver como se resuelven los acontecimientos, mientras vamos siguiendo a algunos de
los principales personajes, averiguando con ellos el pastel que se ha montado.
A partir de ahí,
la serie adopta una interesante fórmula, cada capítulo se sitúa en un mes
distinto. Junio, Julio, Agosto, etc. Un capítulo para cada uno, representando
los diversos baches y crisis que van definiendo la paulatina “ocupación”. Una
fórmula extremadamente beneficiosa para el enfoque de la serie. Se nos narra el
lento desgaste de la soberanía e instituciones noruegas, entre la espada y la
pared que es defender su independencia, y a la vez, no provocar a los rusos, y
como responde y evoluciona cada elemento de la sociedad (representado por los
personajes) a este hecho. De esa manera, no vivimos el día a día de los
personajes, sino los acontecimientos más importantes, las evoluciones que van
presenciando, o protagonizando. El presidente idealista que por defender a su
país de una guerra imposible de ganar se pliega y traiciona cada principio y
moralidad propia para intentar sacar a su país intacto del lance, solo para ver
como todos se vuelven contra él mes a mes: su gabinete, su partido, su esposa,
la población, etc. El agente de inteligencia noruego que intenta proteger la
cada vez más tensa paz persiguiendo a los grupos noruegos cada vez más
violentos contra la ingerencia rusa. El periodista idealista que busca
denunciar contra viento y marea la actual situación. La dueña de un restaurante
acabado que ve como el aumento de población rusa pudiente le levanta el
negocio. El “terrorista” que considera traidores al gobierno y cree que debe
tomar acciones directas contra los rusos. Incluso los rusos, los malos
designados por guión de esta historia, reciben su debida humanización, como por
ejemplo la embajadora rusa, que en una mano, debe hacer avanzar el programa
imperialista de su país en Noruega por cualquier artimaña, mentira y treta
posible, pero con la otra, intenta evitar una escalada del conflicto que
degenere en guerra.
Noruega Libre y sus “prisioneros de guerra”
Una cuidada
realización, que invierte los recursos que necesita para no tener un aspecto
cutre, sin esa sensación de limitación de medios en las que algunas series con
ambición caen, y acomoda la historia al número de capítulos que precisa para no
quedarse corta, ni alargar el tema más de la cuenta. No se despega de los
personajes ni de lo que los mueve, y no solo a nivel personal. Entiende esa
noción que a mí tanto me gusta de que para hacer evolucionar un personaje a
veces no tienes que cambiarle a él, sino cambiar el entorno en el que vive y
que le influye. Con ello no solo consigues evolución, sino que en general,
denota una óptica madura por parte de la trama. Nadie es el bueno ni el malo,
todo tiene unas causas, unas razones, unos intereses, unas circunstancias, y
sobre todo, un punto de vista. El que para uno es un patriota para otro es un
traidor, y el que para uno es un patriota para otro es un terrorista. Ninguno
se libra, tan pronto estas a favor de la defensa a ultranza del país contra la
injusta intromisión extranjera como empiezas a llamar mentalmente idiotas y
cortos de miras a aquellos que toman acciones violentas y solo le hacen la cama
a los rusos. Tan pronto entiendes cada paso que da el presidente como no puedes
dejar de despreciar y sentir la sistemática traición a sí mismo que esta
teniendo lugar, o despreciar a todos los que le dan la espalda sin comprender porqué hace lo que hace. Es una serie que entiende que todo en la vida es un punto de
vista, un enfoque, y unos contextos. Sus personajes son todos comprensibles,
pero no necesariamente tenemos que compartir lo que hacen.
Aunque
el elenco es bastante plural (y por lo general competente) y el protagonismo esta bastante repartido, el
protagonismo principal, para mí, decae en el Primer Ministro noruego Jesper Berg
(Henrik Mestad) y el agente de policía Hans Martin Djupvik (Eldar Skar). Ambos
son personajes que inciden en el colaboracionismo del estado con los rusos para
impedir la ocupación directa, política y policial respectivamente. Quizás
porque representar las razones que alguien podría tener para sustentar un
régimen que violenta y extorsiona las instituciones de un país es más
complicado que explicar el porqué de la resistencia. O sea, explicar el
colaboracionismo sin representar al colaborador como un pusilánime o un
vendido. Le doy puntitos a la serie por eso, dado que uno de los aspectos más
interesantes en cualquier ficción ubicada en una ocupación es el estudio de
cómo funciona esta, y como reacciona la población ocupada. Ficciones que he
visto recientemente, como el Hombre del Castillo, de similar temática en tanto
que habla de una ocupación, no entran tanto en cómo se hizo la transición de un
país independiente a uno ocupado, y como reaccionaron las diversas clases sociales.
Otra miniserie que he estado viendo recientemente sobre este punto, SS-GB,
ofrece más detalles, pero apenas proporciona información más allá de la
dimensión del protagonista. En ese sentido, como historia de una ocupación
extranjera, Okuppert resulta más interesante, pues se recrea en el mero hecho
de la ocupación, cada personaje es una puerta a un punto de vista sobre la
misma, y esta además es tratada con un sentido orgánico, un continuo histórico
que avanza sin estancarse.
Como
puntos negativos, quizás algunos capítulos del ecuador de la serie rebajan el
nivel en comparación con el comienzo de la serie, en cual no se andaba con
chiquitas a la hora de pisar el acelerador de la información y la ambientación.
Los que le siguen simplemente se toman las cosas con más calma. No me parece a
título personal un gran problema, sino una decisión adecuada por parte de la
serie. Que esta concentre su ser en 12 capítulos impide que se explaye en
exceso, y considero que maneja adecuadamente la intriga que su trama es capaz
de despertar. Pero puede que alguien si lo considere un inconveniente. Algo si
más calificable como problema es que algunos personajes quedan un poco
descolocados en la trama. La esposa de Hans Martin, una jueza, simplemente
parece abocada a gravitar en torno a su marido, dado que la serie parece
incapaz de darle a la jueza algo que hacer que tenga que ver con la trama
general. Asimismo, los hijos del periodista, aunque cumplen algún papel
interesante, quedan un poco de sobrante, en particular el hijo mayor, cuya
especie de subtrama amorosa con una amiga es útil solo para explicar su
implicación con manifestaciones y movimientos antirrusos, porque fácilmente
puede pasarse por alto.
Ese
enfoque gris, sin malos y buenos definibles como tales, no solo deja una trama
por lo general bien trazada y una historia madura que trata con inteligencia al
espectador, sino que además crea una credibilidad que va más allá de la precisa
para una buena historia. La serie pretende enmarcarse en un futuro cercano, y
ese enfoque mes a mes que tiene casi parece una crónica histórica, que valora
los hechos que se van sucediendo, los hitos más importantes, la geopolítica y
la política interna que determinan paso a paso cada suceso. Y como todo el que
sepa algo de historia y la entienda sabrá, en esta no hay malos ni buenos, solo
gente, gente que toma decisiones en situaciones y circunstancias más poderosas
que ellos, donde es difícil trazar líneas claras y todo siempre depende del momento.
Para los personajes es fácil decir esto es lo que defiendo y aquello es a lo
que me enfrento. Solo el espectador omnisciente, que comparte el entendimiento
de casi todas las partes, puede apreciar lo compleja que suele ser la realidad,
con que facilidad asumimos posturas y realidades tan dispares basadas muchas de
ellas en lo mismo. Porque patriota es el presidente o el agente de inteligencia
que por proteger su país colabora con los rusos como lo es el periodista, o el
terrorista.
Solo
hay que observar el mundo tal y como está hoy día para ver lo bien que Okuppert
utiliza el contexto actual para sacarse de la manga una historia con visos de
realidad. Unos Estados Unidos dispuestos a volver a la política de aislamiento
característica suya desde el siglo XIX, rota solo por los compromisos
internacionales que convirtieron al país en la potencia que es hoy día. Una
Unión Europea en crisis que, como podemos observar en la vida real, esta
demasiado dividida, demasiado poco centralizada, como para ser un gobierno
viable que pueda representar la verdadera potencia que suponen todos los
estados de la unión en tiempos de crisis. Una Unión que parece más interesada
en disputas internas, o en que hacer con los refugiados, que en el despertar
del coloso ruso, que ya asimila territorios en su regreso al estrellado. La
Rusia que aprovechó (y probablemente instigó y apoyó) el actual conflicto
interno en Ucrania, que reclamó Crimea, la histórica base del Mar Negro del
Imperio Ruso, aprovechando que Ucrania (y la Unión) nada iban a hacer, tirando
por la vía de los hechos consumados. La Rusia que hoy día se mete cada vez más
en Oriente Medio, cuyo presidente lanza declaraciones cada vez más
provocadoras, y que censura internamente todo film que pretende minar la unidad
nacional y la gloriosa historia de Rusia (suerte tal de filmes como el Niño 44
o La Muerte de Stalin), y de la que se sospecha contribuye a la
desestabilización de sus opositores internacionales, sea EEUU apoyando a Trump
(porque un país más interesado en bregar contra su presidente es menos probable
que sea una amenaza) o la Unión Europea, apoyando el Brexit o el separatismo
catalán, nuevamente, porque una Unión que discute paletadas internas y cuyas
instituciones pelean por defender su legitimidad poco puede hacer contra el
país de fuerte y prácticamente autocrático liderazgo que tiene mucho más claro
lo de la unidad interna.
Con
esto no pretendo decir que Rusia este destinada a invadir Europa, o algo así,
pero sí resaltar la habilidad con la que la serie hace encajar una hipótesis en
apariencia totalmente descabellada con una realidad coyuntural muy real. Una
realidad con la que la serie no tiene problemas en repartir en todas
direcciones. EEUU y Europa son unos cobardes vendidos, Noruega débil y sumisa,
y Rusia imperialista. Y por tanto, el destacable testimonio que la serie es de
estos tiempos en los que nos ha tocado vivir, la debilidad de occidente, sus
costuras exageradas hasta lo evidente, y como una potencia de ambición en auge
saca tajada de ello. Solo el tiempo dirá si esta serie queda en mero testimonio
de la situación que vivíamos en Europa en estos años, o si, Dios no lo quiera,
resulta en una ficción profética.










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