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sábado, 24 de marzo de 2018

Okkupert, 1ª Temporada ¿Qué harás por defender tu patria?



         

De todos los artículos que elaboraba con la intención de estrenar blog y darle trote, va a ser este, hecho a última hora, recién acabada de ver la serie en cuestión, el que estrene blog. Esto va así conmigo. Planeo y trabajo, y al final siempre va todo por el impulso con el que me levante un día.
            Y es que, bueno, Okkupert merece este pequeño honor, pues es una serie cuyos 12 capítulos me he merendado en un santiamén, por mero impulso, pues comencé a verla solo por tantear, para saber si merecía el esfuerzo de dedicarle tiempo….y ya no pude acabar hasta terminar la primera temporada. Una serie que llevaba tiempo en mi lista de pendientes, y de la que puedo decir que agraciado el día en que llegó a mi conocimiento su existencia.

De que va y porqué me gusta          

En un futuro cercano, la crisis por el petróleo se ha vuelto endémica. El calentamiento global y los problemas del clima y de la ecología son ya una realidad palpable, la conflictiva península arábica ya no provee petróleo, y Estados Unidos, autosuficiente, se ha desentendido de la OTAN y de la Unión Europea. Un presidente de un partido ecologista llega al poder en Noruega, queriendo sustituir sus plataformas petrolíferas (dañadas al parecer por un huracán) por centrales de energía limpia alimentadas con torio. Pero la desamparada Unión Europea, tras hartarse de que el buen e idealista presidente persista en su plan de servir de ejemplo al mundo para propugnar esa solución a los problemas energéticos y ecológicos, se arrodilla ante los rusos, que muy generosos, se ofrecen a ayudar a los noruegos a que restablezcan la producción del oro negro a Europa. El presidente noruego, tras una crisis que deja claro el pastel, acepta la toma rusa de las principales plataformas y restablecer la producción de petróleo, desprovisto de apoyos internacionales, y no queriendo soliviantar a los rusos, bastante dispuesto a obtener lo que buscan de una manera u otra.
            Esto solo en el primer capítulo, que he de decir, me sorprendió gratamente en como es capaz de condensar todo este trasfondo, y tener tenso al espectador por poder ver como se resuelven los acontecimientos, mientras vamos siguiendo a algunos de los principales personajes, averiguando con ellos el pastel que se ha montado.
A partir de ahí, la serie adopta una interesante fórmula, cada capítulo se sitúa en un mes distinto. Junio, Julio, Agosto, etc. Un capítulo para cada uno, representando los diversos baches y crisis que van definiendo la paulatina “ocupación”. Una fórmula extremadamente beneficiosa para el enfoque de la serie. Se nos narra el lento desgaste de la soberanía e instituciones noruegas, entre la espada y la pared que es defender su independencia, y a la vez, no provocar a los rusos, y como responde y evoluciona cada elemento de la sociedad (representado por los personajes) a este hecho. De esa manera, no vivimos el día a día de los personajes, sino los acontecimientos más importantes, las evoluciones que van presenciando, o protagonizando. El presidente idealista que por defender a su país de una guerra imposible de ganar se pliega y traiciona cada principio y moralidad propia para intentar sacar a su país intacto del lance, solo para ver como todos se vuelven contra él mes a mes: su gabinete, su partido, su esposa, la población, etc. El agente de inteligencia noruego que intenta proteger la cada vez más tensa paz persiguiendo a los grupos noruegos cada vez más violentos contra la ingerencia rusa. El periodista idealista que busca denunciar contra viento y marea la actual situación. La dueña de un restaurante acabado que ve como el aumento de población rusa pudiente le levanta el negocio. El “terrorista” que considera traidores al gobierno y cree que debe tomar acciones directas contra los rusos. Incluso los rusos, los malos designados por guión de esta historia, reciben su debida humanización, como por ejemplo la embajadora rusa, que en una mano, debe hacer avanzar el programa imperialista de su país en Noruega por cualquier artimaña, mentira y treta posible, pero con la otra, intenta evitar una escalada del conflicto que degenere en guerra.
            Noruega Libre y sus “prisioneros de guerra”

Una cuidada realización, que invierte los recursos que necesita para no tener un aspecto cutre, sin esa sensación de limitación de medios en las que algunas series con ambición caen, y acomoda la historia al número de capítulos que precisa para no quedarse corta, ni alargar el tema más de la cuenta. No se despega de los personajes ni de lo que los mueve, y no solo a nivel personal. Entiende esa noción que a mí tanto me gusta de que para hacer evolucionar un personaje a veces no tienes que cambiarle a él, sino cambiar el entorno en el que vive y que le influye. Con ello no solo consigues evolución, sino que en general, denota una óptica madura por parte de la trama. Nadie es el bueno ni el malo, todo tiene unas causas, unas razones, unos intereses, unas circunstancias, y sobre todo, un punto de vista. El que para uno es un patriota para otro es un traidor, y el que para uno es un patriota para otro es un terrorista. Ninguno se libra, tan pronto estas a favor de la defensa a ultranza del país contra la injusta intromisión extranjera como empiezas a llamar mentalmente idiotas y cortos de miras a aquellos que toman acciones violentas y solo le hacen la cama a los rusos. Tan pronto entiendes cada paso que da el presidente como no puedes dejar de despreciar y sentir la sistemática traición a sí mismo que esta teniendo lugar, o despreciar a todos los que le dan la espalda sin comprender porqué hace lo que hace. Es una serie que entiende que todo en la vida es un punto de vista, un enfoque, y unos contextos. Sus personajes son todos comprensibles, pero no necesariamente tenemos que compartir lo que hacen.
            Aunque el elenco es bastante plural (y por lo general competente) y el protagonismo esta bastante repartido, el protagonismo principal, para mí, decae en el Primer Ministro noruego Jesper Berg (Henrik Mestad) y el agente de policía Hans Martin Djupvik (Eldar Skar). Ambos son personajes que inciden en el colaboracionismo del estado con los rusos para impedir la ocupación directa, política y policial respectivamente. Quizás porque representar las razones que alguien podría tener para sustentar un régimen que violenta y extorsiona las instituciones de un país es más complicado que explicar el porqué de la resistencia. O sea, explicar el colaboracionismo sin representar al colaborador como un pusilánime o un vendido. Le doy puntitos a la serie por eso, dado que uno de los aspectos más interesantes en cualquier ficción ubicada en una ocupación es el estudio de cómo funciona esta, y como reacciona la población ocupada. Ficciones que he visto recientemente, como el Hombre del Castillo, de similar temática en tanto que habla de una ocupación, no entran tanto en cómo se hizo la transición de un país independiente a uno ocupado, y como reaccionaron las diversas clases sociales. Otra miniserie que he estado viendo recientemente sobre este punto, SS-GB, ofrece más detalles, pero apenas proporciona información más allá de la dimensión del protagonista. En ese sentido, como historia de una ocupación extranjera, Okuppert resulta más interesante, pues se recrea en el mero hecho de la ocupación, cada personaje es una puerta a un punto de vista sobre la misma, y esta además es tratada con un sentido orgánico, un continuo histórico que avanza sin estancarse.


            Como puntos negativos, quizás algunos capítulos del ecuador de la serie rebajan el nivel en comparación con el comienzo de la serie, en cual no se andaba con chiquitas a la hora de pisar el acelerador de la información y la ambientación. Los que le siguen simplemente se toman las cosas con más calma. No me parece a título personal un gran problema, sino una decisión adecuada por parte de la serie. Que esta concentre su ser en 12 capítulos impide que se explaye en exceso, y considero que maneja adecuadamente la intriga que su trama es capaz de despertar. Pero puede que alguien si lo considere un inconveniente. Algo si más calificable como problema es que algunos personajes quedan un poco descolocados en la trama. La esposa de Hans Martin, una jueza, simplemente parece abocada a gravitar en torno a su marido, dado que la serie parece incapaz de darle a la jueza algo que hacer que tenga que ver con la trama general. Asimismo, los hijos del periodista, aunque cumplen algún papel interesante, quedan un poco de sobrante, en particular el hijo mayor, cuya especie de subtrama amorosa con una amiga es útil solo para explicar su implicación con manifestaciones y movimientos antirrusos, porque fácilmente puede pasarse por alto.

Testimonio de Nuestros Tiempos

            Ese enfoque gris, sin malos y buenos definibles como tales, no solo deja una trama por lo general bien trazada y una historia madura que trata con inteligencia al espectador, sino que además crea una credibilidad que va más allá de la precisa para una buena historia. La serie pretende enmarcarse en un futuro cercano, y ese enfoque mes a mes que tiene casi parece una crónica histórica, que valora los hechos que se van sucediendo, los hitos más importantes, la geopolítica y la política interna que determinan paso a paso cada suceso. Y como todo el que sepa algo de historia y la entienda sabrá, en esta no hay malos ni buenos, solo gente, gente que toma decisiones en situaciones y circunstancias más poderosas que ellos, donde es difícil trazar líneas claras y todo siempre depende del momento. Para los personajes es fácil decir esto es lo que defiendo y aquello es a lo que me enfrento. Solo el espectador omnisciente, que comparte el entendimiento de casi todas las partes, puede apreciar lo compleja que suele ser la realidad, con que facilidad asumimos posturas y realidades tan dispares basadas muchas de ellas en lo mismo. Porque patriota es el presidente o el agente de inteligencia que por proteger su país colabora con los rusos como lo es el periodista, o el terrorista.

            Esa credibilidad de hecho histórico que tiene pega muy bien con la pretensión del film de entroncar con nuestra realidad contemporánea. Carente de elementos demasiado fantasiosos, no cuesta verlo como un futuro viable para nuestra actual situación en Europa, un futuro terrorífico por plausible. Unos EEUU que, con autonomía energética, han dejado de ser el policía del mundo, puesto vagante que alguien tiene que llenar. Una Unión Europea que siempre ha crecido bajo la sombra de un papaíto protector, que carente de huevos, ya sea para defenderse o ejecutar por sí misma su propio trabajo sucio, busca desamparada a alguien que proteja su honor de muchachita virgen de tiempos pretéritos. Una Rusia que despierta de sus cenizas, dispuesta a volver a ejercer el puesto de potencia, extendiendo su influencia sobre una Europa dispuesta a dejarse tomar.

            Solo hay que observar el mundo tal y como está hoy día para ver lo bien que Okuppert utiliza el contexto actual para sacarse de la manga una historia con visos de realidad. Unos Estados Unidos dispuestos a volver a la política de aislamiento característica suya desde el siglo XIX, rota solo por los compromisos internacionales que convirtieron al país en la potencia que es hoy día. Una Unión Europea en crisis que, como podemos observar en la vida real, esta demasiado dividida, demasiado poco centralizada, como para ser un gobierno viable que pueda representar la verdadera potencia que suponen todos los estados de la unión en tiempos de crisis. Una Unión que parece más interesada en disputas internas, o en que hacer con los refugiados, que en el despertar del coloso ruso, que ya asimila territorios en su regreso al estrellado. La Rusia que aprovechó (y probablemente instigó y apoyó) el actual conflicto interno en Ucrania, que reclamó Crimea, la histórica base del Mar Negro del Imperio Ruso, aprovechando que Ucrania (y la Unión) nada iban a hacer, tirando por la vía de los hechos consumados. La Rusia que hoy día se mete cada vez más en Oriente Medio, cuyo presidente lanza declaraciones cada vez más provocadoras, y que censura internamente todo film que pretende minar la unidad nacional y la gloriosa historia de Rusia (suerte tal de filmes como el Niño 44 o La Muerte de Stalin), y de la que se sospecha contribuye a la desestabilización de sus opositores internacionales, sea EEUU apoyando a Trump (porque un país más interesado en bregar contra su presidente es menos probable que sea una amenaza) o la Unión Europea, apoyando el Brexit o el separatismo catalán, nuevamente, porque una Unión que discute paletadas internas y cuyas instituciones pelean por defender su legitimidad poco puede hacer contra el país de fuerte y prácticamente autocrático liderazgo que tiene mucho más claro lo de la unidad interna.
            Con esto no pretendo decir que Rusia este destinada a invadir Europa, o algo así, pero sí resaltar la habilidad con la que la serie hace encajar una hipótesis en apariencia totalmente descabellada con una realidad coyuntural muy real. Una realidad con la que la serie no tiene problemas en repartir en todas direcciones. EEUU y Europa son unos cobardes vendidos, Noruega débil y sumisa, y Rusia imperialista. Y por tanto, el destacable testimonio que la serie es de estos tiempos en los que nos ha tocado vivir, la debilidad de occidente, sus costuras exageradas hasta lo evidente, y como una potencia de ambición en auge saca tajada de ello. Solo el tiempo dirá si esta serie queda en mero testimonio de la situación que vivíamos en Europa en estos años, o si, Dios no lo quiera, resulta en una ficción profética.