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lunes, 30 de diciembre de 2013

Legatus / Legatis

Legatus era uno de los rangos más altos del ejército romano, pues era el rango asignado para el comandante en jefe de una legión, la principal fuerza de combate de Roma. Su equivalente militar actual serie el rango de general. Otras definiciones latinas del término son delegado, embajador, o asesor del gobernador, lo que indica de donde pudo derivar en origen este término.

Este rango, y su término asociado, empezaron a aparecer ligados al ejército por el siglo I A.C. Tras la Reforma de Caio Mario, que inicio la profesionalización de las fuerzas romanas, hubo varias reformas estructurales. Entre ellas, encuadrar los manípulos (hasta ese momento, los formaciones más grandes entre los que se dividían a los soldados) en cohortes, que tenían tres manípulos en su interior. De esta manera se agilizaba la organización de las tropas. Como puede esperarse, esto supuso una serie de cambios en la oficialidad de los ejércitos. Para liderar la totalidad de las cohortes (o sea, toda la legión), no se había asignado un oficial específico, siendo lo más corriente que fuera un delegado del gobernador romano del territorio donde se ubicara la legión el encargado de dirigirla. Este individuo, elegido personalmente por el gobernador, recibía el nombre de legati, pudiendo observar, por tanto, el origen etimológico de lo que, con posterioridad, se iba a transformar en un rango militar.

El legati era elegido entre los familiares, aliados políticos, o amigos personales del gobernador, no siendo por tanto, un cargo electo. Algunos de ellos podían haber sido antiguos gobernadores o comandantes militares, por lo que podían aportar una cierta experiencia al liderazgo de la legión.

Sin embargo, el término pasó a ser un rango con el ascenso del primer emperador, Augusto, bajo cuyo reinado, el ejército romano se profesionalizó e institucionalizó completamente. Con las legiones ahora bien ordenadas, el comandante en jefe de las mismas era el legatus legionis, el cual era un senador de 30 a 40 años. A este cargo, como a otros tantos cargos gubernamentales romanos, se accedía mediante el cursus honorum, es decir, demostrar la valia y experiencia ocupando varios cargos previos. En todo momento, la accesibilidad a estos puestos estaba sujeta al patronazgo entre aliados, familias poderosas, individuos influyentes, y políticos. El uso del poder para beneficiar a los amigos no era considerado corrupción por los romanos, como si lo es hoy en día, y no escaseaban las cartas de recomendación. Para los puestos más altos de la administración militar y provincial, una carta de recomendación del emperador era casi imprescindible.



 Denario del siglo I D.C., con la efigie de un legado.         
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El aspirante la carrera pública (normalmente hijo de un senador) que desembocase en el mando de una legión debía pasar por el cargo del tribunus laticlavius, tras pertenecer al vigintiviri (consejo de los veinte) en Roma. Este cargo era el de segundo al mando de la legión, destinado a que el individuo, con algo más de 20 años, fuera adquiriendo experiencia militar. Tras una serie de cargos,  el sujeto podía llegar al Senado, e incluso obtener una quaestura, pasando a encargarse de las finanzas de una provincia, sin tener demasiado contacto con lo militar. También podría acceder a otras magistraturas, que con el advenimiento del Principado, eran ya solo una sombra de su antigua relevancia, y se desempeñaban ya más por carácter ceremonial.
 
El siguiente cargo militar al que pudiera acceder este individuo en su carrera era ya el de legatus legionis. El rango aun conservaba su significado original de delagado, ya que el comandante en jefe de la legión tenía el poder para dirigirla en nombre de otro. Salvo que en este caso, no era el gobernador el que delegaba su poder en la dirección militar al legado, sino el propio emperador. Con la comisión del poder imperial, el legado solía estar una media de tres años al frente de una legión, aunque no eran extraños los casos de seis o siete años en el cargo.

Tras esto, el cargo culmen al que se podía aspirar después era el de legatus Augusti propraetore, el encargado de las provincias militares del imperio. Estas eran las provincias que aun no se consideraban “seguras”, ya fuera por peligro de revueltas o rebelión, o incursiones habituales en la frontera, exigiendo, por tanto, más de una legión acantonada en la zona. Como puede imaginarse, este puesto dependía directamente del emperador. Solía desempeñarse alrededor de tres años, habiendo un número bastante limitado de estos puestos, por lo que la mayoría de los senadores jamás lo alcanzaban.

Las provincias senatoriales eran las “seguras”, y por tanto, las que no exigían tanta supervisión. De estas, solo dos tuvieron legiones destinadas allí. Una era Egipto, probablemente, por razones estratégicas, pues Egipto fue la despensa de Roma. Al frente de la provincia se situaba un prefecto del orden ecuestre, en vez del senatorial. Al frente de las dos legiones allí destinadas, no se encontraba un legado ni un tribunus laticlavius (cargos senatoriales), sino un praefectus legiones, del ordo ecuestre, de idénticos poderes a su homólogo senatorial.

La otra era África, dirigido por un procónsul elegido por el Senado (pero sin duda con el visto bueno del emperador). Durante el reinado de Calígula, este procónsul fue reemplazado por un legado imperial.



Hacia la antigüedad tardía, la unión entre liderazgo político y el militar que había existido en Roma desde al República comenzó a romperse, y el orden senatorial comenzó a dejar de tener funciones en el ámbito militar, para ser sustituidos por los ecuestres. Y por el siglo II, el emperador Marco Aurelio comenzó a promover oficiales ecuestres al mando de las legiones., por lo que el prefecto ecuestre terminó por dar de lado al legatus del Senado. Esto se dio con los otros rangos del ejército, y el mando de las provincias. Sin duda, los ecuestres estaban más familiarizados con el ámbito milita que los senadores, más afincados a la política, pero se desconoce si eso los hizo en general más eficientes.

Probablemente, una de las razones para tales cambios fuera que los emperadores recelaran del ordo senatorial, con sus conexiones e influencias políticas, y quisieran alejarlos del ejército. Sin embargo, esto resultó irrelevante. El poder del emperador se fundamentaba en gran medida en el ejército, y conforme el imperio se acercaba e introducía cada vez más en la Crisis del Siglo III, esta relación se volvía más profunda. Ascender a los ecuestres para reducir la amenaza de conspiración terminó resultando irrelevante, pues a un oficial inventivo y ambicioso le resultaba relativamente sencillo conseguir el apoyo de otros comandantes, y acabar con el emperador.

A lo largo de los siglos III y IV, toda la estructura de rangos del ejército romano se alteró, llegando a que los comandantes al mando hiciesen gala de títulos que no seguían un modelo fijo y preestablecido.


Fotograma de la película Gladiator, del director Ridley Scott, 2000. A pesar de las notables inconsistencias históricas del filme, esta, hasta donde se puede observar, representa razonablemente bien a un ejército romano, nada lustroso, en plena campaña. La lorica segmentata que se observa en los soldados de la izquierda, comúnmente asociada a los legionarios romanos, se usó aproximadamente durante los siglos I y II D.C. (donde se desarrolla la película), y empezó a dejarse de usar en el siglo III.

El personaje interpretado por el actor neozelandés Russell Crowe suele ser definido en la película como general, lo cual indica que es un legatus legionis, y su aparente falta de relación con el orden senatorial haría de él un individuo proveniente del ordo ecuestre, algo plausible teniendo en cuenta la contemporaneidad del ficticio  personaje con el emperador Marco Aurelio.






Bibliografía
 

 
 
Goldsworthy, Adrian
El Ejército Romano
Thames y Hudson Ltd. Londres, 2003

 

 
Gran Enciclopedia Larousse, Nº 13
Editorial Planeta, S.A., 1988, para la edición española
Pag. 6438-6439

 

 
Anglim, Simon; Jestice, Phyllis G.; (eds.)
Técnicas Bélicas del Mundo Antiguo
Editorial LIBSA, 2007

 

 
Gasóliba, Edgar; Valero Gómez, Javier; (eds.)
Soldado. Historia Visual del Combatiente
Dorling Kindersley Limited, 2007
Pag. (26-37)

 

 

Legio /Legionis

Definición

La palabra latina legio, traducida al español como legión, es un tipo de unidad militar el ejército de la Antigua Roma, la más importante, pues las legiones constituyeron durante siglos la columna vertebral de las fuerzas armadas de Roma.

En principio, el término legio significaba leva (reclutamiento obligatorio de la población para servir en el ejército), refiriéndose al conjunto del pueblo de Roma alzado en armas para defenderse. Es a partir del siglo IV A.C. en que podemos hablar de la legión como la célula militar organizativa principal, central y básica.


Historia

En sus primeros tiempos, Roma realizaba sus peleas con otras poblaciones vecinas con pequeñas bandas de saqueadores.  Con posterioridad, adoptaron la falange hoplítica, probablemente por influencia etrusca, y estos a su vez, influidos por los griegos. Estos soldados provenían de entre una clase de campesinos terratenientes, poseedores de los recursos y la voluntad de defender al estado.

Es por el siglo II A.C., a través de la información dada por los escritos dejados por el historiador griego Polibio, cuando podemos hablar con cierta certeza de la legión. Estas tropas se componían de ciudadanos-soldados, cuyo nivel de renta los hacia aptos para soportar la carga financiera que suponía financiarse las armas y el equipamiento. Esta milicia armada le dio a Roma algunos de sus mayores éxitos (las victorias en las Guerras Púnicas, la conquista de los reinos helénicos, etc), pero su éxito fue el fin de esta concepción del ejército. Las victorias dieron a Roma territorios enormes que controlar, lejos de la ciudad, que exigían guarniciones constantes o de muy larga duración, algo que un ejército de ciudadanos (que tenían que atender sus cosechas, por ejemplo) no podía sobrellevar.

La necesidad de un mayor número de efectivos que además estuvieran un tiempo muy largo en territorio extranjero llevó lentamente a la progresiva profesionalización del ejército romano, dejando de ser un servicio público para ser una forma de vida. Se le atribuye generalmente esta reforma a Cayo Mario, comandante en jefe en la Guerra Numidia. Necesitado de tropas, apeló a los ciudadanos más pobres para servir en el ejército, dejando atrás al reclutamiento censitario. Se acepta, sin embargo, que el acto de Mario no fue más que el establecimiento de una tendencia que ya se había estado llevando a cabo.

Para el 14 D.C., tras la muerte del primer emperador, Augusto, el ejército era una institución completamente establecida y profesional, y la legión, con sus legionarios, era la columna central, básica, mejor equipada y entrenada de Roma.

Durante los siglos III y IV D.C., Roma quedó sumida en una consecución de guerras civiles y ataques exteriores, que aun así, no lograron quebrar al Imperio, aunque avecinaban el futuro de Roma. Las legiones resultaron más importantes que nunca. Su papel en la colocación, o deposición, de emperadores, ya manifiesta con Julio Cesar o Augusto, alcanzó su máximo exponente.

         Hacia finales del imperio, el número de soldados por legión menguó también considerablemente, ante la menor disposición de la población a la vida militar, dificultades para el reclutamiento, el aislamiento y cuasi-independencia de algunos ejércitos. Estos cada vez más pequeños contingentes avecinaban la tendencia básica de las guerras medievales europeas.


Organización
 
Como ya se ha mencionado, el célebre historiador Polibio describió detalladamente la organización del ejército romano en tiempos de la República. La legión característica estaba formada por 4200 infantes y 300 hombres a caballo (claramente, es un número aproximativo, pues las enfermedades y otros factores pueden reducirlos, y grandes campañas, que exijan más tropas, aumentarlo). Los soldados de  infantería se distribuían de acuerdo no solo a sus propiedades sino también a su edad.
 
Los ciudadanos más pobres, pero todavía capaces de ingresar en el ejército eran los velites, la infantería ligera, habiendo normalmente 1200 en una legión, pobremente equipada, destinada a las incursiones o el hostigamiento del adversario. Pero la fuerza verdadera de la legión residía en las formaciones de infantería de orden cerrado. Los soldados luchaban en grupos compactos, muy juntos entre sí. La legión se dividía en tres secciones, una detrás de la otra. Los hastati eran la primera línea, compuesta por los soldados más jóvenes, siendo alrededor de 1200 efectivos. Tras ellos, los principes, de entre 25 a 30 años, y normalmente rondaban los 1200 efectivos. Los triarii eran los soldados de mayor edad y experiencia. En una formación prototípica de las legiones, su número rondaría los 600.

Cada línea estaba dividida en 10 manípulos, siendo la unidad táctica básica. Sin embargo, los manípulos se dividían en dos centurias, con propósitos administrativos, dirigidas por un centurión,  un segundo oficial, el optio, un portaestandarte (signífer), y el tesserarius, el oficial de guardia. El centurión de más edad se situaba a la derecha, y tenía el mando general de toda la formación.

Con la profesionalización de las legiones, estas se volvieron permanentes, cuando antes solo solían ser convocadas eventualmente por el Senado Romano, conservando su nombre y número a lo largo de su existencia. La experiencia militar se conservaba y acumulaba en estas instituciones permanentes, en vez de perderse cada vez que se disolvía la “leva” tras una guerra. De esta manera las legiones perdieron su carácter “patriótico” (ya que como milicia era desempeñado por individuos con intereses en la sostenibilidad del estado) para ser la única vida conocida por los soldados, generalmente los más pobres, por el que los legionarios se sentían más cercanos, y por tanto más leales, a sus ambiciosos y hábiles líderes militares (como Julio Cesar o Sila) que hacia cualquier otra institución romana, una de las razones de la posterior crisis de la República y ascenso del Principado.

A los soldados se les proporcionaba su propio equipamiento, y se dejaba de tener en cuenta su ascendencia social a la hora de formar tipos de tropas, por lo que la caballería y las tropas ligeras desaparecieron, siendo todos los legionarios infantería pesada. Sin embargo, a Roma no le faltaron tropas auxiliares, de pueblos aliados, que proporcionaran este tipo de soldados.

Los manípulos siguieron estando compuestos por dos centurias (ahora con centuriones más profesionales), ahora de unos 80 hombres cada una, aunque las formaciones manipulares fueron siendo sustituidas por la formación en cohorte como unidad táctica fundamental. Cada cohorte estaba compuesta de tres manípulos, con un total de 480 legionarios, sobre el papel, habiendo un total de 10 cohortes por legión.  Las cohortes ofrecían algunas ventajas organizativas extra, como por ejemplo, reducir el número de oficiales a los que el comandante en jefe de la legión debía trasmitir sus órdenes (de 30 oficiales al mando de manípulos a 10 oficiales de cohortes).

Augusto definió con mayor precisión la estructura de mando de la legión. El legatus legionis (un senador de entorno a los treinta y pico años) fue el puesto designado como comandante en jefe de la legión, seguido del tribunus laticlavius (de unos 25 años y sin demasiada experiencia militar), y el preaefectus castrorum (antiguo centurión de prolongada experiencia militar). El primer emperador romano también incluyó otras reformas de tipo estructural en la legión, manteniendo las cohortes romanas, y algunos nombres y términos de la legión heredados de la época del ejército republicano.  

 
Testimonio Epigráfico
 
Los principales elementos epigráficos producidos por la legión romana fueron, probablemente, los de carácter funerario, o con carácter administrativo. De los últimos, destacan los diplomas, copias en bronce de los documentos que les otorgaba la ciudadanía romana, por sus años de servicio en el ejército, a las tropas auxiliares. Estas tropas no eran legionarios, sino unidades de apoyo al cuerpo principal de la legión, integrada por hombres sin la ciudadanía romana. Por tanto, era muy importante para estos individuos conservar su diploma, que acreditaba su ciudadanía, y los derechos asociados.
 



Diploma Militar Romano
es.wikipedia.org

 
 
La muerte era un aspecto siempre presente en la vida del legionario. Parte de la paga del soldado se reservaba para el funeral. Este podía tomar formas muy diversas, ya que los soldados procedían de muchas nacionalidades. Muchos de los cuerpos eran incinerados (sobre todo tras grandes batallas, donde la recogida e identificación de cuerpos era, como poco, difícil), así como sometidos a otras prácticas rituales, dependiendo del pueblo natal del soldado.
 
Sin embargo, era bastante usual que se reservara dinero para costearse monumentos funerarios más caros. Las más sencillas detallaban nombre, edad, rango, legión en la que sirvieron, y tiempo en servicio. Las más complejas representaban a los difuntos.


Monumento en memoria de Marcus Caelius Rufus, centurión de la XIIX Legión, muerto durante la Batalla de Teotoburgo, uno de los mayores desastres militares de la Roma imperial, donde tres legiones romanas al completo (la XVII, XIIX y la XIX) fueron emboscadas y destruidas por fuerzas germanas rebeldes dirigidas por Arminio.

 

 

 

Bibliografía

 

Wikipedia
Diploma Militar Romano
Consulta: 28 de Diciembre de 2013

 

 
 
Goldsworthy, Adrian
El Ejército Romano
Thames y Hudson Ltd. Londres, 2003

 

 
Gran Enciclopedia Larousse, Nº 13
Editorial Planeta, S.A., 1988, para la edición española
Pag. 6438-6439

 

 
Anglim, Simon; Jestice, Phyllis G.; (eds.)
Técnicas Bélicas del Mundo Antiguo
Editorial LIBSA, 2007

 

 
Gasóliba, Edgar; Valero Gómez, Javier; (eds.)
Soldado. Historia Visual del Combatiente
Dorling Kindersley Limited, 2007
Pag. (26-37)