Legio /Legionis
Definición
La palabra latina legio, traducida al español como legión,
es un tipo de unidad militar el ejército de la Antigua Roma, la más importante,
pues las legiones constituyeron durante siglos la columna vertebral de las
fuerzas armadas de Roma.
En principio, el término legio significaba leva (reclutamiento
obligatorio de la población para servir en el ejército), refiriéndose al
conjunto del pueblo de Roma alzado en armas para defenderse. Es a partir del
siglo IV A.C. en que podemos hablar de la legión como la célula militar
organizativa principal, central y básica.
Historia
En sus primeros tiempos, Roma
realizaba sus peleas con otras poblaciones vecinas con pequeñas bandas de
saqueadores. Con posterioridad,
adoptaron la falange hoplítica, probablemente por influencia etrusca, y estos a
su vez, influidos por los griegos. Estos soldados provenían de entre una clase
de campesinos terratenientes, poseedores de los recursos y la voluntad de
defender al estado.
Es por el siglo II A.C., a través
de la información dada por los escritos dejados por el historiador griego
Polibio, cuando podemos hablar con cierta certeza de la legión. Estas tropas se
componían de ciudadanos-soldados, cuyo nivel de renta los hacia aptos para
soportar la carga financiera que suponía financiarse las armas y el
equipamiento. Esta milicia armada le dio a Roma algunos de sus mayores éxitos
(las victorias en las Guerras Púnicas, la conquista de los reinos helénicos,
etc), pero su éxito fue el fin de esta concepción del ejército.
Las victorias dieron a Roma territorios enormes que controlar, lejos de la
ciudad, que exigían guarniciones constantes o de muy larga duración, algo que
un ejército de ciudadanos (que tenían que atender sus cosechas, por ejemplo) no
podía sobrellevar.
La necesidad de un mayor número
de efectivos que además estuvieran un tiempo muy largo en territorio extranjero
llevó lentamente a la progresiva profesionalización del ejército romano,
dejando de ser un servicio público para ser una forma de vida. Se le atribuye
generalmente esta reforma a Cayo Mario, comandante en jefe en la Guerra
Numidia. Necesitado de tropas, apeló a los ciudadanos más pobres para servir en
el ejército, dejando atrás al reclutamiento censitario. Se acepta, sin embargo,
que el acto de Mario no fue más que el establecimiento de una tendencia que ya se
había estado llevando a cabo.
Para el 14 D.C., tras la muerte
del primer emperador, Augusto, el ejército era una institución completamente
establecida y profesional, y la legión, con sus legionarios, era la columna
central, básica, mejor equipada y entrenada de Roma.
Durante los siglos III y IV D.C.,
Roma quedó sumida en una consecución de guerras civiles y ataques exteriores,
que aun así, no lograron quebrar al Imperio, aunque avecinaban el futuro de
Roma. Las legiones resultaron más importantes que nunca. Su papel en la
colocación, o deposición, de emperadores, ya manifiesta con Julio Cesar o
Augusto, alcanzó su máximo exponente.
Hacia finales del imperio, el número de soldados por legión
menguó también considerablemente, ante la menor disposición de la población a
la vida militar, dificultades para el reclutamiento, el aislamiento y
cuasi-independencia de algunos ejércitos. Estos cada vez más pequeños
contingentes avecinaban la tendencia básica de las guerras medievales europeas.
Organización
Como ya se ha mencionado, el
célebre historiador Polibio describió detalladamente la organización del
ejército romano en tiempos de la República. La legión característica estaba
formada por 4200 infantes y 300 hombres a caballo (claramente, es un número
aproximativo, pues las enfermedades y otros factores pueden reducirlos, y
grandes campañas, que exijan más tropas, aumentarlo). Los soldados de infantería se distribuían de acuerdo no solo
a sus propiedades sino también a su edad.
Los ciudadanos más pobres, pero
todavía capaces de ingresar en el ejército eran los velites, la infantería ligera, habiendo normalmente 1200 en una
legión, pobremente equipada, destinada a las incursiones o el hostigamiento del
adversario. Pero la fuerza verdadera de la legión residía en las formaciones de
infantería de orden cerrado. Los soldados luchaban en grupos compactos, muy
juntos entre sí. La legión se dividía en tres secciones, una detrás de la otra.
Los hastati eran la primera línea,
compuesta por los soldados más jóvenes, siendo alrededor de 1200 efectivos.
Tras ellos, los principes, de entre
25 a 30 años, y normalmente rondaban los 1200 efectivos. Los triarii eran los soldados de mayor edad
y experiencia. En una formación prototípica de las legiones, su número rondaría
los 600.
Cada línea estaba dividida en 10
manípulos, siendo la unidad táctica básica. Sin embargo, los manípulos se
dividían en dos centurias, con propósitos administrativos, dirigidas por un
centurión, un segundo oficial, el optio, un portaestandarte (signífer), y el tesserarius, el oficial de guardia. El centurión de más edad se
situaba a la derecha, y tenía el mando general de toda la formación.
Con la profesionalización de las legiones,
estas se volvieron permanentes, cuando antes solo solían ser convocadas eventualmente
por el Senado Romano, conservando su nombre y número a lo largo de su
existencia. La experiencia militar se conservaba y acumulaba en estas
instituciones permanentes, en vez de perderse cada vez que se disolvía la
“leva” tras una guerra. De esta manera las legiones perdieron su carácter
“patriótico” (ya que como milicia era desempeñado por individuos con intereses
en la sostenibilidad del estado) para ser la única vida conocida por los soldados, generalmente los más pobres, por el que los legionarios se sentían más cercanos, y por tanto más leales,
a sus ambiciosos y hábiles líderes militares (como Julio Cesar o Sila) que
hacia cualquier otra institución romana, una de las razones de la posterior crisis
de la República y ascenso del Principado.
A los soldados se les
proporcionaba su propio equipamiento, y se dejaba de tener en cuenta su
ascendencia social a la hora de formar tipos de tropas, por lo que la
caballería y las tropas ligeras desaparecieron, siendo todos los legionarios
infantería pesada. Sin embargo, a Roma no le faltaron tropas auxiliares, de pueblos aliados, que proporcionaran este tipo de soldados.
Los manípulos siguieron estando
compuestos por dos centurias (ahora con centuriones más profesionales), ahora
de unos 80 hombres cada una, aunque las formaciones manipulares fueron siendo
sustituidas por la formación en cohorte como unidad táctica fundamental. Cada
cohorte estaba compuesta de tres manípulos, con un total de 480 legionarios,
sobre el papel, habiendo un total de 10 cohortes por legión. Las cohortes ofrecían algunas ventajas
organizativas extra, como por ejemplo, reducir el número de oficiales a los que
el comandante en jefe de la legión debía trasmitir sus órdenes (de 30 oficiales
al mando de manípulos a 10 oficiales de cohortes).
Augusto definió con mayor
precisión la estructura de mando de la legión. El legatus legionis (un senador de entorno a los treinta y pico años)
fue el puesto designado como comandante en jefe de la legión, seguido del tribunus laticlavius (de unos 25 años y
sin demasiada experiencia militar), y el preaefectus
castrorum (antiguo centurión de prolongada experiencia militar). El primer
emperador romano también incluyó otras reformas de tipo estructural en la
legión, manteniendo las cohortes romanas, y algunos nombres y términos de la
legión heredados de la época del ejército republicano.
Testimonio
Epigráfico
Los principales elementos
epigráficos producidos por la legión romana fueron, probablemente, los de carácter
funerario, o con carácter administrativo. De los últimos, destacan los
diplomas, copias en bronce de los documentos que les otorgaba la ciudadanía
romana, por sus años de servicio en el ejército, a las tropas auxiliares. Estas
tropas no eran legionarios, sino unidades de apoyo al cuerpo principal de la
legión, integrada por hombres sin la ciudadanía romana. Por tanto, era muy
importante para estos individuos conservar su diploma, que acreditaba su
ciudadanía, y los derechos asociados.

Diploma Militar Romano
es.wikipedia.org
La muerte era un aspecto
siempre presente en la vida del legionario. Parte de la paga del soldado se
reservaba para el funeral. Este podía tomar formas muy diversas, ya que los
soldados procedían de muchas nacionalidades. Muchos de los cuerpos eran
incinerados (sobre todo tras grandes batallas, donde la recogida e
identificación de cuerpos era, como poco, difícil), así como sometidos a otras
prácticas rituales, dependiendo del pueblo natal del soldado.
Sin embargo, era bastante usual
que se reservara dinero para costearse monumentos funerarios más caros. Las más
sencillas detallaban nombre, edad, rango, legión en la que sirvieron, y tiempo
en servicio. Las más complejas representaban a los difuntos.


Monumento en memoria de Marcus Caelius
Rufus, centurión de la XIIX Legión, muerto durante la Batalla de Teotoburgo,
uno de los mayores desastres militares de la Roma imperial, donde tres legiones
romanas al completo (la XVII, XIIX y la XIX) fueron emboscadas y destruidas por
fuerzas germanas rebeldes dirigidas por Arminio.
Bibliografía
Wikipedia
Diploma Militar
Romano
Consulta: 28 de
Diciembre de 2013
Goldsworthy, Adrian
El Ejército Romano
Thames y Hudson Ltd.
Londres, 2003
Gran Enciclopedia
Larousse, Nº 13
Editorial Planeta,
S.A., 1988, para la edición española
Pag. 6438-6439
Anglim, Simon; Jestice, Phyllis G.; (eds.)
Técnicas Bélicas
del Mundo Antiguo
Editorial LIBSA, 2007
Gasóliba, Edgar;
Valero Gómez, Javier; (eds.)
Soldado. Historia
Visual del Combatiente
Dorling Kindersley
Limited, 2007
Pag. (26-37)
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